cobres-solubles-disper

El uso del cobre es una práctica agrícola muy extendida.

Está considerado como un nutriente esencial que desempeña diferentes funciones en el metabolismo vegetal:

 

  • Ejerce un importante papel en la formación de la clorofila
  • Interviene en el proceso de la respiración celular
  • Interviene en la transpiración
  • Sintetiza las proteínas
  • Activa diversos procesos enzimáticos

Además de su función nutricional, el cobre tiene la capacidad de actuar frente a enfermedades fúngicas y bacterianas. Este precisamente es uno de los propósitos más frecuentes de su implementación.

 

Usos del cobre y su función bactericida y fungicida

Por un lado, dentro del metabolismo de las sustancias fenólicas, el cobre, cataliza la síntesis de dos tipos de componentes muy relevantes en la lucha contra enfermedades.

 

Una de estas sustancias son las fitoalexinas, que podrían ser consideradas como una “barrera química” frente a los patógenos, puesto que son sustancias tóxicas para éstos.

 

Otro tipo de sustancias que se sintetizan gracias al cobre son las ligninas. Actúan como una “barrera física” frente a dichos patógenos, puesto que son responsables del endurecimiento (lignificación) de los tejidos.

 

Por otro lado, el cobre en concentración elevada tiene capacidad inhibidora de la germinación de las esporas.

 

Previene por tanto el inicio del desarrollo de una enfermedad fúngica o bacteriana. Es uno de los fungicidas y bactericidas que han sido más empleados, puesto que tiene un amplio espectro y actúa desde diferentes mecanismos de acción:

 

  • Desestructura la membrana del patógeno,
  • Desnaturaliza sus compuestos proteínicos
  • Interfiere en los procesos respiratorios.
  • Permite que los patógenos no creen resistencias, como sí suele ocurrir con muchos fungicidas sintéticos.

 

Sin embargo, para que el cobre pueda inhibir la germinación de las esporas, debe estar presente en forma de ion cúprico en disolución.

Es decir, lo que realmente tiene actividad anti fúngica y antibacteriana es el “Cu+2 soluble”.

Los cobres tradicionales

Existen multitud de productos de cobre en el mercado, pero podrían clasificarse fundamentalmente en dos grupos: los cobres insolubles y los cobres solubles.

 

Los cobres insolubles han sido los de uso más generalizado. En este grupo encontramos por ejemplo los oxicloruros, hidróxidos, caldo bordelés y óxidos.

 

Este tipo de producto, puesto que realmente forma una suspensión con un tamaño de partículas muy elevado, apenas puede penetrar dentro de los tejidos y forma una capa externa fuera de la hoja, de tal manera que actúa “desde el exterior de la hoja”.

 

Cuando cae una espora sobre la hoja, es necesario que la humedad del ambiente sea capaz de disolver una pequeña parte del producto para poder conseguir determinada cantidad de ion cúprico soluble.

 

Otra desventaja. La solubilidad de este tipo de productos es muy baja (por ejemplo, la del oxicloruro de cobre es de 0’00001 mg/L), es necesario que se apliquen a dosis muy altas de cobre metal.

 

Al haber creado una capa externa en la hoja, con una elevada dosis de aplicación, genera normalmente parada vegetativa en el cultivo y en algunos casos (dependiendo de la sensibilidad del cultivo) toxicidad.

 

Además, en muchos casos existe incompatibilidad de mezcla con determinados productos (por ejemplo, con aminoácidos).

 

Dentro del grupo de los solubles, diferenciaríamos entre las sales y los cobres quelatados y complejados. Los cobres solubles son, por sí solos, todo un capítulo de ventajas.

 

Aun así dentro de este grupo (los cobres solubles) encontramos las sales de cobre. Un ejemplo es el sulfato de cobre, que ha sido el más empleado.

 

A pesar de su uso extendido, tiene el inconveniente de que el cobre se encuentra libre, lo cual implica dos aspectos.

 

Por un lado que la eficiencia de absorción es muy baja, debido a que gran parte de cobre (como Cu+2, con carga positiva), se queda adherido a la cutícula de la hoja (que presenta una carga negativa), sin embargo, no crea una capa resistente en el exterior de la hoja.

 

Por otro lado, presenta incompatibilidad para ser mezclado con otros agroquímicos. Por  ser cobre libre, reacciona fácilmente con otros compuestos.

Para resumir, si bien es del grupo de los cobres solubles, aún tiene muchas desventajas por resolver.

 

La nueva generación. Cobres solubles. Resultados sin fronteras.

 

El paso del tiempo no ha sido indiferente con la aparición de nuevos productos de cobre para potenciar el uso de este nutriente.

La investigación ha ejercido un papel fundamental al respecto y en el “capítulo” de los cobres tenemos mucho que aportar.

La principal ventaja de los cobres solubles es que se pueden aplicar a menor dosis de cobre metal, excepto cuando se trata de las sales de cobre, que como vimos anteriormente con el sulfato, pese a ser del grupo de los solubles, reporta muchas quejas entre los agricultores.

 

Podríamos decir que la última generación de productos de cobre son aquellos en los que el átomo de cobre se encuentra protegido con un agente quelante o complejante.

 

Esta protección permite que el cobre no reaccione directamente con la cutícula de la hoja y por tanto su absorción sea mucho más eficiente. Así, permite aplicaciones a dosis más bajas, sin riesgo de provocar parada vegetativa o toxicidad.